Consejos para el seguimiento del estado de ánimo y la alimentación en primavera

La llegada de la primavera transforma el entorno y, con él, la manera en que regulamos energía, sueño y concentración. La luz aumenta, los días se alargan y el cuerpo ajusta su propio ritmo. La evidencia reciente muestra que estos cambios influyen de forma directa en el estado de ánimo y en la forma en que respondemos emocionalmente a lo cotidiano.

Un estudio reciente de la Universidad de Cornell, realizado mediante sensores portátiles durante el seguimiento de centenares de participantes, identificó cambios claros en los patrones de sueño-actividad y en la estabilidad emocional al pasar del invierno a la primavera [1]. La combinación de mayor luz, variaciones de temperatura y un entorno más estimulante parece generar un periodo breve de reajuste, en el que el organismo busca un equilibrio diferente.

Entre los efectos más observados durante esta transición se encuentran:

  • Variaciones en los niveles de energía a lo largo del día.
  • Cambios en el sueño, con despertares más tempranos o dificultad para mantener una rutina estable.
  • Cambios en el apetito, con más antojos en algunos momentos o menos hambre en otros.
  • Alteraciones en la concentración o en la claridad mental.
  • Incremento de la inquietud o de la necesidad de actividad.

Esta combinación de factores ayuda a entender por qué, durante algunas semanas, la sensación interna puede ser más variable.

Señales relacionadas con la alimentación en primavera

El cambio de estación no solo modifica energía y ánimo; también influye en la relación con la comida. En primavera aumenta la actividad social, regresan los espacios al aire libre y se acerca la idea del verano. Este conjunto de estímulos suele activar el deseo de “ordenar hábitos”, mejorar la alimentación o hacer ajustes en el cuerpo. Aunque esto es comprensible, puede generar presión si se combina con expectativas elevadas o comparaciones corporales más frecuentes.

La investigación actual muestra que los cambios estacionales pueden alterar el apetito y relacionarse con fluctuaciones emocionales [2]. En esta época es común ver patrones como:

  • Preferencia por comidas más frescas y ligeras
  • Oscilaciones en el hambre y subidones de ingesta de comidas rápidas.
  • Intentos de retomar pautas estrictas y dietantes

Pero estos comportamientos no son aislados ni casuales. Responden a la perfección a varios factores que coinciden con la estación del año.

  • El aumento de la temperatura hace que la sensación de saciedad aparezca con más frecuencia. De ahí la necesidad de comidas más livianas o sin tanta preparación con hornos o sartenes
  • Las juntas en bares, el afterwork y el salir al aire libre comienzan a verse en escena. Muchas personas sienten hambre más irregular y tienden a hacer elecciones más rápidas o impulsivas cuando hay más movimiento en la rutina.
  • Por último, la primavera amplifica la exposición del cuerpo. Ropa más ligera y un entorno donde la imagen física se hace más visible. Esa exposición puede reactivar el deseo de alcanzar un ideal corporal, especialmente en quienes arrastran una historia de dietas o varias temporadas intentando “controlar” la alimentación.

Observar estas señales sin juzgarlas permite entender que forman parte de un contexto estacional concreto, no de un fallo personal. Desde aquí, el seguimiento de la alimentación puede orientarse hacia elecciones más estables y sostenibles, en lugar de responder al impulso de corregir de forma urgente lo que parece desajustado.

Diez recomendaciones generales

  1. Mantener regularidad en los horarios de sueño para favorecer la adaptación del ritmo interno a los cambios de luz. 
  2. Aprovechar la luz natural durante la mañana para mejorar la energía y favorecer una transición más estable entre estaciones. 
  3. Incorporar actividad física de manera gradual, ajustando la intensidad a los niveles reales de energía y descanso. 
  4. Elegir alimentos frescos de temporada que aportan variedad y faciliten una digestión con todos los nutrientes necesarios. 
  5. Ajustar el ritmo social. No hace falta decir que sí a todo. Elegir algunas invitaciones y dejar otras para más adelante ayuda a cuidar el descanso, evitar comidas improvisadas y recordar que la temporada recién empieza: habrá tiempo para disfrutar sin agotarse. 
  6. Observar si hay momentos del día en los que aumenta la tensión o el cansancio, y priorizar pausas breves para reorganizar la atención.
  7. Evitar cambios bruscos en la alimentación y optar por ajustes progresivos que resulten sostenibles y respetuosos con el cuerpo. 
  8. Prestar atención a la relación entre actividad física, descanso y hambre real, ya que el incremento del ejercicio puede modificar el apetito. 9. Revisar expectativas internas sobre el cuerpo y detectar si aparecen comparaciones o autoexigencia; estos factores influyen en cómo se come y cómo se siente cada persona. 10. Buscar espacios de calma a lo largo de la jornada, ya sea mediante respiración consciente o caminando al aire libre.

Referencias bibliográficas

[1] Longitudinal assessment of seasonal impacts and depression associations on circadian rhythm using multimodal wearable sensing
[2] Mindful eating: what we know so far

Referencias suplementarias

[1] Sano, A., Taylor, S., Tanyani, N., Ma, Y., Taylor, S., Picard, R. W., & Jacobson, N. (2023). Longitudinal assessment of seasonal impacts and depression associations on circadian rhythm using multimodal wearable sensing. arXiv.
https://arxiv.org/abs/2312.02953

[2] Tapper, K. (2022). Mindful eating: what we know so far. Nutrition Bulletin, 47(2), 168–185. https://doi.org/10.1111/nbu.12559

“No se trata de comer perfecto, sino de empezar a tratarte mejor.”

👉 Reserva tu primera sesión

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tabla de contenidos